lunes, 29 de agosto de 2011

BLACKWOOD MANOR: Capítulo 6 (7/8)


Los jóvenes caballeros, entre ellos Kenneth, Felipe, Richard y Adam, habían observado y seguido la escena que se estaba desarrollando en el salón con atención. Mr. Lawrence Wontherlann, conde de Blackwood, bailaba con Sofía, cuyo rostro había vuelto a cubrirse por una máscara de seriedad y recato. Mr. Richmond había a su vez solicitado aquella pieza a Agnés Becksey, la que bailaba y sonreía con dulzura entre sus brazos. Kenneth había apostado que Agnés se disculparía, e iría a su cuarto para calmar los nervios, y que al menos tardaría dos días enteros, si no más, en atreverse a salir nuevamente. Pero la joven no se fue, ni mucho menos. De hecho, para lo atrevido que había sido Julián con ella, parecía bastante compuesta y serena.
-       Quién lo hubiera dicho- opinó Kenneth.
-      Julián la sacó a bailar sin su consentimiento, injuriándola gravemente, y aún así, no le puso en evidencia- comentó con ironía Felipe-. Creo que después de haber logrado eso, todo es posible.
-      Sin lugar a dudas, Miss Agnés Beckesey es más fuerte de lo que todos creían- opinó a su vez Richard.
Felipe envió una pensativa mirada a su hermano. No podía negar que la conducta de Richard lo extrañaba, en especial porque durante aquél último tiempo, el único objeto de sus pensamientos- y sus más ocultos sufrimientos y deseos- había sido la guerra. Desde que su padre le prohibió ir al frente de batalla, todo había perdido interés para Richard. Sus días transcurrían sumido en una oscura niebla de impotencia, intensificada por su arraigado patriotismo y su fervor juvenil.
-        Miss Harriet no parece muy complacida- oyó decir a Kenneth.
Felipe fijó la vista en las parejas que bailaban, y buscó entre ellas a Harriet y a Dorian Fenwick. Efectivamente, la joven, aunque siempre maravillosamente bella, no parecía estar prestando atención a la conversación de su interlocutor, el que no cejaba en dedicarle intensas miradas y de quién sabe qué ponzoñosas palabras.
-        No sabría decirlo- aseguró Felipe, consciente de que Adam les escuchaba y de que no sería prudente confirmar la impresión de Kenneth. Eso no lograría más que provocarlo y enfurecerlo aún más-. Sólo están compartiendo un baile, y unas cuantas palabras. ¿Quieres otra copa, Adam?
Felipe desvió la mirada hacia su amigo, y lo observó con detención, esperando su respuesta. Su mirada había vuelto a adquirir esa dureza tan común en ella durante los últimos años. No le cabía duda de que estaba haciendo un esfuerzo sobrenatural por controlarse, pero ese es el problema de caer bajos los influjos de una mujer encantadora como Miss Harriet. Una vez eso sucede, una bruma de sin razón envuelve la mente; el hombre pierde la cordura, y se deja llevar por sus instintos más bajos. Una bruma que, por más que lo intentes, no se puede disipar, hasta que las consecuencias de tus actos son irreversibles.
-      Debo intervenir- declaró Adam.
“Debo hacerlo”, repitió mentalmente el futuro conde, preso de una profunda impotencia.
-      No, no debes- le dijo Felipe acercándose a su lado.

-      Claro que sí- respondió Adam sin apartar la vista de la joven y del caballero entre cuyos brazos en ese momento se encontraba-. No puede permitir que él le haga daño.

-      No le está haciendo daño, Adam- insistió Felipe entorpeciéndole el paso y la visión al situarse frente a él-. Entra en razón, te lo suplico.
Felipe no alzaba la voz, a fin de no alertar a los demás presentes en el baile, pero no necesitaba hacerlo para emanara de ella la autoridad deseada. Adam fijó en él su mirada, y lo retó, a través de ella, a detenerlo. Sus ojos azules, ahora fríos como el hielo, lo inspeccionaron con fijeza y determinación, intentando así comunicarle de alguna forma el tormento que le significaba mantenerse pasivo. Adam sabía que Felipe no podía entenderle, pero debía acudir a socorrer a Harriet. Sí, el pasado y la traición de Karinna tenían un papel trascendental en sus sentimientos, pero eso no lo era todo. Harriet había suplicado su ayuda. Lo había visto en su mirada; en la oculta súplica que velaban sus ojos.
-      No lo intentes- le dijo a Felipe.

-      Sólo te pido que razones tus actos antes de cometer un desvarío que te traerá graves consecuencias- le dijo-. Si me dices que estás seguro de tu decisión, no me interpondré más en tu camino.
Adam asintió.
-      Voy a reclamar a Miss Harriet Beckesey- contestó Adam-. Eso es lo que he decidido y es lo que voy a hacer.
Felipe alzó la barbilla, e inspiró hondamente.
-      No, no lo harás.

-      No intentes.
-      Yo iré en tu lugar- acalló de inmediato su objeción. Adam no pudo evitar demostrar su sorpresa-. Mi conducta sólo causará un pequeño revuelo, y quizás algunas cuantas murmuraciones, pero juzgando tu actual estado, tu encuentro con Fenwick podría acabar fácilmente en un duelo.
Adam guardó silencio, incapaz de negar la lógica de los dicho por su amigo, pero no podía...
-        Atención, caballeros. No creerán lo que acaba de suceder- dijo Kenneth-. Creo que, a pesar de todo, Mr. Fenwick no tendrá más pareja de baile.
Felipe se dio la media vuelta, y junto a Adam, observaron a la pareja. Miss Harriet se había separado de Mr. Fenwick, y tras dirigirle una educada sonrisa, carente absolutamente de simpatía, se dio la media vuelta y se alejó de él. Fenwick, al parecer, profundamente conmocionado por lo ocurrido, permaneció inmóvil en su lugar, incapaz de reaccionar.
-        Lo ha rechazado- murmuró Felipe.

-        Y sin escrúpulos- agregó Kenneth, esbozando una sonrisa-. A Julián le habría encantado ver esto. ¡Vaya carácter el de Miss Harriet!

_._._._._._._._._._



Al sentir el contacto de la mano de Mr. Fenwick en su mejilla, Harriet retrocedió y decidió poner fin al baile. Una vez estuvo a una prudente distancia del caballero, alzó la mirada y procedió a excusarse ante él.
-      ¿Qué es lo que ocurre, querida?

-      Lo siento, Mr. Fenwick, pero usted ha dirigido acusaciones graves contra un caballero, las que no podré creer  hasta no tener pruebas fidedignas que así lo acrediten. De momento, me limitaré a agradecer sus…advertencias, pero estoy segura, de que Mr. Adam Wontherlann es un caballero correcto y educado, y aunque usted reprueba su pasado, yo no tengo razón alguna para creer lo contrario. Y por último, considero que es una falta al decoro y al respeto que usted se exprese en tales términos del hijo de su propio anfitrión, quien le ha recibido en su hogar tan amablemente.- Harriet alzó levemente su barbilla, en señal de determinación, y agregó-: Ahora si me disculpa, me siento indispuesta.
-      Lo entiendo, querida Harriet. ¿Acaso puedo acompañarla a…?

-      Miss Beckesey para usted, y no, os lo agradezco, pero no necesito de su ayuda.
Harriet se inclinó ante él con cortesía, y luego fue a ocupar su lugar al costado derecho de la habitación.
“Santo cielo…”, pensó intentando controlar la respiración y los alocados latidos de su corazón.
Era consciente que, en ese mismo instante, era el objeto de las miradas de todos los presentes. En bailes en los que asistía grandes multitudes, aunque siempre se acababa sabiendo todas las indiscreciones cometidas por los asistentes, en un primer instante eran sólo conocidas por un reducido grupo de ellos. Que éstos luego se ocuparan de divulgarlos a toda Inglaterra, si aquello fuera posible, era otro asunto muy distinto.
Harriet se alisó los pliegues de su falda, inspiró hondamente e intentó demostrar naturalidad. No se atrevía a mirar a Mr. Fenwick, por temor a encontrarse nuevamente con esa turbia mirada que le provocaba escalofríos. Sonriendo, y abanicándose con lentitud, observó a las parejas bailar. Le tranquilizó ver a Agnés intercambiando algunas palabras con el agradable Mr. Richmond, y a Sofía compartiendo la velada con el Conde de Blackwood, un hombre cuyo honor e intenciones jamás tendría que poner en entredicho. En cambio, Mr. Fenwick… y Adam…
La pieza musical acabó, y los caballeros procedieron a escoltar a sus parejas hasta sus respectivos asientos. Agnés, en cuanto estuvo a su lado, cogió su mano y la interrogó con preocupación.
-      ¿Qué es lo que te ha ocurrido?

-      Tranquila, querida. Todo está bien- le aseguró.

-      No intentes engañarme- le suplicó la joven-. He visto la expresión de tu rostro…
Harriet sonrió, y le apretó la mano con ternura.
-      No te preocupes. Ya tendremos tiempo para conversar más tarde- le aseguró-. Te lo prometo.
Agnés asintió. En aquél momento, el Conde de Blackwood, Mr. Lawrence Wontherlann, llegó junto a Sofía y tras besarle la mano, se dio la media vuelta y se alejó de ellas. Harriet abrió los labios para preguntarle cómo lo había pasado con el conde, pero las palabras se le atascaron en la garganta antes de llegar a siquiera a pronunciarlas. Sofía no le dijo nada, pero su mirada cargada de reprobación era más que elocuente. Estaba contrariada, y podía imaginar la razón de su enfado. Harriet asintió, y desviando la mirada en otra dirección, suspiró agotada.
Lo ocurrido con Mr. Fenwick la había afectado más de lo que ella misma podía llegar a pensar. Por lo general, no le importaba lo que pensaran los demás, ni siquiera Sofía. Su código de conducta, y la línea divisoria entre el bien y el mal, siempre había estado determinado por ella misma. No había nada más importante, en su opinión, que la autenticidad de una persona, y para lograr aquello, no podía encasillarse entre los límites impuestos por la sociedad y tercera personas. A pesar de todo, el mudo reproche de Sofía la desalentó, y por unos instantes, llegó incluso a pensar que quizás fuera mejor retirarse a sus aposentos y descansar de toda aquella fatigosa jornada.
-        ¿Miss Beckesey?
Harriet alzó la mirada, cargada de inquietud, y acto seguido, dio un suspiro de alivio.
-      Mr. Wontherlann, es usted- dijo intentando demostrar tranquilidad, aunque en vano. Su reacción, en un comienzo sobresaltada, había sido más que elocuente.
-      ¿Está usted bien?- la interrogó.

-      Sí, lo estoy. Es sólo que…- dudó, pero al verse incapaz de acabar la frase, sonrió-. Supongo que viene usted a cobrar mi palabra, pero lamento decirle que no podré bailar de nuevo con usted, ya que me siento indispuesta.- Y agregó de inmediato-: Espero sinceramente que me crea usted. Realmente en estos momentos…
-        La entiendo- respondió él-. Y le creo.
Harriet asintió y sonrió dulcemente.
-        No puede bailar usted, pero quizá me permita escoltarla hasta los jardines, a los que podemos acceder por esta entrada que usted ve aquí y sin alejarnos de las miradas de los presentes- le propuso, ofreciéndole una mano-. La noche es fresca, y quizás le ayude a tranquilizarse. ¿Me acompaña?
Harriet sintió que una oleada de calor se apoderaba de ella al mirarlo a los ojos, y comprobar el sinceridad y la comprensión que emanaba de sus ojos. Él lo sabía. La sonrisa llena de complicidad que curvaban sus labios así lo atestiguaba. Adam era consciente de que se encontraba en una situación comprometida, y a pesar de haberle prometido que compartiría un baile más con él, no insistiría.
-        ¿Miss Harriet?
La joven sonrió. Había decidido que aquella noche no aceptaría la mano de ningún otro hombre, y aunque había intentado negarse a Adam, finalmente sus palabras y su doncuta  lograron echar abajo toda su fuerza de voluntad y sus buenos propósitos.
-       No encuentro una razón para negarme, Mr. Wontherlann- respondió ella aceptando su mano.

-       No sabe lo afortunado que me siento de que así sea- le dijo él.
Cogida del brazo del futuro conde, Harriet cruzó el salón bajo la mirada atenta de varios de los presentes. Adam abrió las puertas que los separaban con el exterior, e inclinándose ante ella, le permitió pasar. Una noche maravillosa, llena de refulgentes luceros pendiendo de su manto oscuro, se abrió ante ella. En cuanto la fresca brisa nocturna le golpeó el rostro, Harriet cerró los ojos y sonrió con placer. De inmediato sintió que toda su turbación se disipaba, y que la paz volvía a hacer morada en su acongojado corazón.
Cuando volvió a abrir los ojos, observó a Adam, que, situado a su lado derecho, la contemplaba en taciturno y sereno silencio. Se miraron por momentos interminables, sin  decirse nada, ajenos al baile y la atención de los invitados, incapaces de romper la agradable quietud que tan plácidamente los envolvía.
Harriet desvió la mirada, sintiendo que una repentina timidez la invadía.
-        ¿Añora usted volver a Londres?
Harriet admiró el ancho cielo estrellado, los extensos campos verdes, ahora cubiertos de las sombras nocturnas, y sonrió.
-       No puedo negar que me gustaría regresar- reconoció-. Pero no por las razones que usted cree.
-       ¿Y cuáles son esas razones, según usted?

-       Me da la impresión que usted cree que soy una joven que gusta de los placeres de la capital, de la alta sociedad, de las fiestas y la última moda londinense.
Adam apoyó sus manos en la balaustrada que se levantaba ante ellos, y tras unos instantes de silencio, la observó y dijo:
-       No la conozco mucho a usted, Miss Beckesey, debo reconocerlo. Pero si me interrogaran en este mismo instante mi opinión sobre su persona, diría que usted es una mujer de sonrisa deslumbrante, que goza de la lectura de autores clásicos como Milton, que baila de forma espléndida y que disfruta más de una noche estrellada al aire libre que de un baile.
Harriet sonrió.
-       Gracias, Mr. Wontherlann- dijo ella simplemente.

-       No debe agradecerme nada- contestó él a su vez. Y besándole una mano con cortesía, agregó-: Estaré siempre a su entera disposición.


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Sofía siguió a la pareja con la mirada, hasta que s detuvo en el antejardín que colindaba con la mansión. Todos los presentes podían verlos desde allí, cosa que agradecía. Una cosa cuerda que hiciera Harriet en su vida, al menos.
La próxima que escribiera a su madre, tendría que contarle todo lo que estaba ocurriendo. No podía permitir que Harriet actuara de esa forma, tan descortés y sin modales. ¿Qué estaría pensando el Sr. Conde de ellas? No quería ni imaginárselo. Seguramente tendría un muy pobre concepto de toda su familia.
"Qué vergüenza", pensó Sofía sintiendo que no era capaz ni de alzar la mirada del bochorno que sentía.
-        ¿Miss Sofía? ¿Mi querida, me da el honor de concederme este baile?
Sofía alzó la mirada. Dorian Fenwick le ofrecía una mano, luciendo una sonrisa encantadora y carente de todo reproche. La joven asintió, dirigiéndole una indecisa sonrisa, y aceptó su mano. Mientras bailaban, no fue capaz de mirarlo a los ojos. ¿Cómo hacerlo luego del rechazo de Harriet? ¿Cómo mirarlo a los ojos o dirigirle la palabra, luego de haber sido objeto de tal desaire?
-      ¿Miss Sofía? ¿Está usted bien?- le preguntó-. ¿Qué es lo que le ocurre? ¿Por qué no me mira?

-      Yo... supongo que...- Tras unos momentos de profundas vacilación, inspiró hondamente, y dijo-: Lamento lo ocurrido instantes atrás con mi prima.
-        Ya comprendo...- murmuró el caballero-. ¿Por eso está usted así?
Sofía asintió.
-       Realmente no comprendo por qué ha actuado de esa forma por lo general es muy educada, pero ahora... No puedo justificar su conducta, Mr. Fenwick, pero le suplicaría por favor que acepte mis sinceras disculpas.

-       Miss Sofía, no debe usted preocuparse. Usted no me debe ninguna disculpa. Jamás podría imputar a usted el desinterés ni la conducta de su prima.
-      Cuánto se lo agradezco- contestó la joven enviándole una sonrisa llena de simpatía.

-      En realidad, ni usted ni yo podemos culparla, ni juzgarla, por haber hecho su elección, ¿no lo crees usted?
-      ¿Su elección? ¿A qué se refiere?

-        Mi querida Sofía, ¿no ve usted la predilección que siente su prima por el hijo del conde? ¿No es obvio acaso? En cuanto ha podido ha aceptado su invitación para gozar de su compañía en soledad en el jardín.
Sofía envió una preocupada mirada en dirección a Harriet, que aún se encontraba conversando en el jardín junto a Adam Wontherlann, y negó con la cabeza.
-       No, Mr. Fenwick, eso no es posible. Usted se equivoca. Harriet no ha hecho ninguna elección, ella sólo...- pero la joven se detuvo, incapaz de acabar la frase.

-       ¿Sí, querida?- la invitó el caballero a seguir planteando su opinión. Sofía intentó volver a hablar pero no logró hacerlo. No tenía palabras para justificar el proceder de Harriet-. No se contraríe usted por esta situación. En realidad, estoy acostumbrado a que esto suceda. No soy tan interesante como un joven y futuro conde, heredero de un fructífero negocio familiar y quién sabe cuántas propiedades y riquezas.

-       Eso no es cierto, Mr. Fenwick- reprobó semejante idea Sofía.

-       Es la realidad.- Dorian Fenwick suspiró, y continuó diciendo-: Estoy seguro de que Miss Harriet es una dama maravillosa como usted, y sólo espero que luego no deba lamentar su atracción hacia el hijo del conde.

-       ¿Por qué lo dice usted?

-       Se dice que muchas jovencitas han caído bajo su encanto, pero sin ser correspondidas. Que su compromiso jamás ha durado lo suficiente como para llegar a contraer matrimonio con la dama- le explicó-. Lamentablemente, todas aquella señoritas, tras una breve relación con el joven Wontherlann, quedan inhabilitadas para contraer un matrimonio con los caballeros de los altos círculos sociales.

-       ¿Inhabilitadas...? Pero, ¿por qué...?

-       Caen en deshonra, querida mía. ¿Conoce usted a las jóvenes Pontmercy? Karinna, la mayor de ellas, estuvo prometida con el hijo del conde, y tras una larga y prometedora relación, la dejó. Estaba embarazada.
Sofía abrió con los ojos impresionada, incapaz de pronunciar palabra alguna.
-       Pero, bueno, querida, esa es la suerte de los menos afortunados, ¿no? No todos tenemos riquezas, ni títulos que ofrecer.- Mr. Fenwick llevó a Sofía hasta su asiento, y le besó la mano con parsimonia-. Ha sido un placer.


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Felipe dejó la copa sobre la mesa con mayor fuerza de la que hubiera deseado, y se marchó del salón.
-         ¿Felipe?- lo interrogó Kenneth, siguiéndolo muy de cerca-. ¿Felipe? ¿A dónde vas?


El alto joven se dio la media vuelta, y le dirigió una turbia mirada. La paseó por el salón, y tras dedicarle un vistazo a Sofía, contestó:
-         Necesito ir a descansar- fue su única respuesta.

-         Pero...

-         Estoy bien, Kenneth- acalló su protesta-. Estoy bien.

22 comentarios:

anne wentworth dijo...

QUE EMOCIONANTE CAPITULO!!!
me he imaginado cada momento, cada situacion, y hasta se me cayeron los pololos de emocion al ver a Harriet con Adam irse al jardin!!
Lamento que Sofia va a caer redondita en las garras de Dorian!!
pero que ya quiero que sea viernes para ver como sigue!!
un abrazo!!
p.d.
te mande varios recados por mail, y en tu entrada anterior espero los hayas recibido

Eileen dijo...

Querida Annie, que bueno es saber que te ha gustado la entrada. No pude publicarla antes porque tuve algunos inconvenientes. Digamos que hay algunos sucesos, diálogos y reacciones que han sido inspirados en último instante jajaja

He recibido tu mensajes. He cambiado la forma de comentar (através de una ventana aparte), porque, según lo que he averiguado, de esa forma se acaban los problemas al momento de comentar.

Espero que sea cierto!!!

De todas maneras, agradezco a aquellas que me leen, aunque no puedan comentar, y a tu interés por brindarles ayuda. Cualquier cosa, sólo deben contactar conmigo.

Un millón de besos y cariños abrazos!!

EILEEN

Lady Bingley dijo...

¡Dios mio, puedo comentar! ¡Que felicidad! En un rato volveré y te daré mi gran opinión sobre TODA la historia que no he podido comentar jamas. Besotes!

Eileen dijo...

LADY BINGLEY!!! Averigüé en internet sobre el problema que estaban teniendo tu y otros visitantes, y tenté suerte con esto jajajaj

Me alegro muchisimo!!!

Un gran beso

Citu dijo...

Lo dejaste muy interesante. Te mando un beso y te deseo una buena semana

Scarlett O'Hara dijo...

Huy como se ha puesto la cosa en un momento!!!!
Felipe felipito que te pones celoso, a ver cuando se anima a acercarse a la pobre Sofia, que ya va siendo hora.
Dorian, que asco le estoy cogiendo, que perfido y que malo, hacerle esto a Sofia, que liante! Espero con sinceridad que llegado el momento Felipe le rete en duelo y le de su merecido.
Por otra parte, se respira azucar glass entre Harriet y el futuro conde, madre mía!
¿y a donde se va Felipe? supongo que lo sabremos en el siguiente capitulo jejeje
Besos querida, y por cierto, ¡¿otra vez le has cambiado la cara a Sofia?! Con lo mona que estaba jejeje

Lady Bingley dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Eli dijo...

Otro capitulo fantástico, me han encantado todas las escenas y es muy tierno que Adam quiera intervenir. No soporto a Dorian, como puede tener la cara de ir culpando a Adam de sus propias malas acciones y con toda la tranquilidad... Espero que Adam se entere pronto de esto y haga algo para evitar que Harriet comience a hacerle caso a Dorian, como hace Sofía.

Me siento feliz por Agnés que al final ha sobrellevado todo de manera muy natural, y espero que Felipe se interese más por Sofía e intente alejarla de las malas compañías.

Espero ansiosa el viernes ^^

Lady Bingley dijo...

Como le prometí, Miss Eileen, he vuelto. No pude hacerlo ayer pero aquí me tienes para hacerte un comentario super largo sobre toda la historia que hasta hoy no había podido comentar.
Primero, me encantan los personajes y debo confesar que mis favoritos son Agnes y Felipe -a propósito, adoro esos nombres- Miss Agnes es toda belleza y ternura, no podría haber yo jamas inventado un personaje tan bello como lo es Miss Harriet, ni tan sensato como Miss Sofia. Los caballeros -por supuesto, exceptuando a Dorian Fenwick a quien no se le puede llamar, precisamente 'caballero'- son excelentes, todos muy educados y refinados como todo varón debe ser. Los actores y actrices que has elegido para representar a estos son excelentísimos, y sobre todo las señoritas. Nina como Harriet me fascina, Emily Blunt me parece muy acertada oara el papel de Sofia y si es verdad que Clemence Poesy no tiene muchas fotos como de esta época, las que has elegido me encantan. Y ni hablar de los señores, a cual de todos mas sexys.
El capitulo de hoy me ha encantada y creo que el capitulo 6 sera de mis favoritos porque todo se trata de el baile en Blackwood Manor -otra cosilla, el nombre es muy original- Dorian cada vez me resulta mas repugnante: su conducta es terrible y no se como osa llamarse a si mismo 'caballero' cuando con sus mismas faltas ensucia el honor de el hombre que fue victima de su falta de decoro, honor y dignidad. ¡Abusar de tres hermanas! ¡Merece todas las penas del mundo y muchas mas!
Por otro lado, Felipe es extremadamente sensato, al igual que Sofia, y ella le atrae, lo cual es fascinante. Ya veo las parejitas y ya quiero saber como termina todo esto del baile.
¡No voy a aguantarme hasta el viernes! Prométeme que actualizaras porque sino moriré!
Besotes, y continua así. Lo haces exelente!

AKASHA BOWMAN. dijo...

Me parece muy sensata la propuesta de Julian, pues en estas sociedades en las que la apariencia lo es todo cualquier mínimo revuelo puede inducir a un duelo de deshonrosas consecuencias. Aunque, y visto lo visto, considero que a los caballeros les habrá parecido que la señorita Harriet es lo suficientemente capaz de valerse por sí misma en un mundo de hombres. Me alegra que pusiera en su lugar a Dorian y sin ningún tipo de falso miramiento.

Adam es un completo caballero- y muy apuesto, madre de Dios- y su comportamiento comedido y protector viene a recalcar mis convicciones. Me alegra que no considere a Harriet una dama frívola y revolucionaria, que es lo que muchas pensamos de ella nada más conocerla. Considero hoy por hoy que la joven posee un fondo muy interesante y controvertido en el que valdrá la pena ahondar.

Ya veo que el escorpión Fenwick sigue sacando brillo a su aguijón. Dios, estoy deseando que sea desenmascarado de una vez y ahora mismo casi me resiento contra Julian por haber evitado un duelo.

Y hablando de Julian... ¿intuyo un interés por Sofía? Me encanta que las parejas estén más o menos claras y que cada uno luche ya en pos de su dama.

Buen capítulo, nos leemos el viernes.

Dany nphenix dijo...

Gracias por cambiarlo, ahora puedo comentar, Eileen. Me está gustando mucho la historia. Me alegro por Harriet, que no haya caído bajo los encantos de Fenwick, pero Sofía pobre.
Besos.

Karla Castel dijo...

Me encantó el capítulo, menos mal que Harriet rechazó a Fenwick..pero ¿qué se cree el descarado? ahora a Sofía también le está llenando los oídos de mentiras, por como es para mi que se va a creer todo. Félipe y Sofía se verían bien juntos.

Besos.

Eileen dijo...

CITU, gracias por pasar! Cariños

Eileen dijo...

SCARLETT O'HARA, mi preciosa amiga, sí, sin lugar a dudas Dorian fenwick resulta despreciable. Y eso que soy Yo misma la que le ha dado ese carácter horrible jajajaja

Adam y Harriet, Harriet y Adam... Creo que ambos han descubrierto facetas de sí mismos que ni siquiera imaginaban. Timidez, serena comprensión...

Cariños!! Y bienvenida una vez más a Blackwood Manor.

Eileen dijo...

ELI, sí, como dijo Scarlet, Dorian es despreciable. Un truhñan infame y sin honor... Pero bueno, es parte de la historia. Sin personajes como él, no tendríamos emoción en el relato y todos estarían felices comiendo perdices.

Richard estaba en lo cierto: "Agnés es más fuerte de lo que todos creían.... Pero él no, verdad?? El lo sabía. O lo había instuido, al menos.

Besos

Eileen dijo...

LADY BINGLEY!! Me emociona saber que te gusta la historia, que disfrutaste de tu paseo por Blackwood Manor y, aún más, que puedes comentar en mi blog al fin. Me tenía tan angustiada que algunos no pudieran comentar, asi que busqué la respuesta a esta anomalía hasta encontrarla.

Sí, son personajes maravillosas, y que para mí, están incluso más vivos que muchas de las personas que me rodean; que tienen más carácter- incluído Fenwick- que muchas de las personas que conozco.

Miles de besos y hoy día tendrás otro capítulo, sin falta!

Eileen dijo...

AKASHA... Escorpión Fenwick!! jajajja Eso me ha gustado, quizás incluso lo coloque en algún instante del relato, y estaré obligado a poner una referencia y hacer mención a que los derechos intelectuales de tal descripción te pertenecen. Escorpión Fenwick... qué dramático!!

Felipe encuentra fascinante a Sofía, y si jamás le había ocurrido antes, es por que no había encontrado a ESA mujer... AQUELLA mujer única y especial capaz de iluminar su vida y acelerarle el corazón.

Muchos miles de besos!!

Eileen dijo...

DANY NPHENIX, otra vez bienvenids! Secretamente, también me da satisfacción que Harriet sea tan lista, pero también me angustia Sofía. La pobre e inexperta Sofía...

Ya veremos lo que ocurre.

Abrazos.

Eileen dijo...

KARLA CASTEL, sí querida dama, Sofía es demasiado ingenua e inexperta en este plano de la vida. Pero tiene que aprender y rápido, ante de que el "ESCORPIÓN" Fenwick acabe de sacar brillo a su aguijón y decida atacar...

Mil cariños!

Dulce Cautiva dijo...

Mi querida Eilen, adoro como escribes!. Lo haces tan bien, con tanta soltura y destreza... compones las frases con exquisitez, delatas escenas o encuentros sin omitir detalle alguno... simplemente puedo decir k tienes mucho talento.

Esta historia cada vez se pone más interesante y Dorian nos demuestra su papel de liante, k no hace sino meter más baza y liar el pastel... komo lo odio!, jajaja.

Sigo leyendo k veo k tengo muchos capítulos atrasados!, ta ahorita!

MariCari♥♥♥♥♥ dijo...

Ves, lo que te decía... frescura en el salón de baile... animada conversación y unos trajes (imaginados) preciosos... ah! qué música, qué caballeros y qué damas... todo perfecto... un baile de lujo. Bss... amiga, sí, ya sin problemas puedo comentar... ah! qué tranquilidad!! je, je...

Lily Willie dijo...

Al principio crei que Harriet seria la que callera en las garras de Dorian, pero al parecer ella es mucho mas inteligente y perceptiva de lo que aparenta y me alegra que lo halla rechazado. Aunque lamentablemente Sofia es la que esta callendo en los engaños de Dorian,pobrecilla; pero estoy segura que Felipe lograra rescatarla de alguna manera. Y la pequeña Agnes parece que tendra mas pretendientes de los que pueda pensar.

Me encanta esta historia!!!